Yo y mi falta de buen humor


Será por mi forma de ser, pero siempre me ha descompuesto el chisme, chiste, cacho, broma o similar que acude a la burla del otro para hacer reír a un tercero (o varios).

Es fácil caer, y lo confieso me ha pasado. De hecho en mi entorno inmediato no falta el sujeto gracioso que sin mala intención emite los que él cree son inocentes chistecitos, pero que al fondo están cargados de prejuicios, ya sea del tipo racial, machista, homofóbico, o simplemente de agresión al otro (burla).

Vivimos en una sociedad deformada y acostumbrada a su deformidad; soy parte de una generación que ha vivido escuchando esas “bromas” y creyendo que son normales, creyendo que todos debemos reirnos ante la ocurrencia, descalificando al que no se ríe por amargado y falto de “buen humor”.

Una generación que inclusive venera al bromista que con semejante ocurrencia sacó una carcajada a “CASI” todos, bromista que desde su pedestal del más sapo, se regodea mirando hacia abajo a todos, y más abajo aún al agredido.

Hace poco (pocos años quizás) por el contacto con algunos libros, campañas y personas llegué a entender lo hiriente de esas “bromas”, llegué a enteder el daño que hace a los individuos o grupos aludidos y por lo tanto a la sociedad.

Ahora soy yo el que no se ríe,
cada vez somos más los que no reímos,
y somos más los que entendemos que esas “bromas” no tienen nada de inocente.

Comentarios

Entradas populares