Mi M2







Mi M2 (Mi metro cuadrado) es una serie que retrata al Guardia de Seguridad que trabaja largas jornadas en una minúscula caseta que se vuelve co-protagonista de la serie al expresar la personalidad de su ocupante.

Hace más de un año inicié esta serie recorriendo barrios de clase media y alta en Quito - Ecuador para retratar a estos trabajadores, a quienes nuestra sociedad les ha regalado una “máscara de invencibilidad” asignándoles la delicada y riesgosa tarea de vigilar nuestros barrios desde una pequeña caseta en medio de la acera.

Esa “máscara” imaginaria es la que les convierte en seres anónimos de los cuales nos preocupamos muy poco y a quienes les confiamos nuestra seguridad, a pesar de que no cuentan con ninguna capacitación para cumplir esta tarea.

Tarea en realidad digna de titanes, pues implica trabajar 12, 24 y hasta 60 horas seguidas. Largas jornadas en las cuales la caseta cobra gran importancia al tener que acoger todas las actividades que el guardia tenga que desarrollar en ese período de tiempo.

Esto es lo que despierta el ingenio personal del guardia para transformar un espacio frío, minúsculo y ortogonal, en su espacio personalizado de trabajo en el cual encontramos todo tipo de adecuaciones y artefactos (usualmente reusados) que le dan cierta comodidad a su vida y su labor diaria.

Artefactos como: televisores, radios, calefactores, cafeteras, cocinetas, urinarios, relojes, extintores; o inclusive otros menos sofisticados destinados a los mismos fines como por ejemplo: loncheras, mantas, cartones, galones de agua, herramientas, etc.

También es interesante ver como la religión, la familia y los gustos personales, se expresan en el espacio para generar calidez y seguridad emocional o espiritual, encontrando casi siempre muchas imágenes, fotografías y adornos.

Finalmente podemos ver como solo algunos guardias tienen la suerte de contar con una herramienta de trabajo que les preste seguridad, pues muy pocos manejan arma o gas pimienta, otros tantos tienen tolete, pero a la mayoría le toca ser creativo e improvisar cuando surge la necesidad de asustar a un ladrón.

Al retratarlos, estos guardias se revelan ante mi lente como personas comunes y corrientes; cálidas, amables y en su mayoría felices de tener alguien a quien confiar algo de su historia.
Historia que casi siempre inicia en un pueblo muy lejano, donde dejaron a su familia para venir a la capital a ganarse la vida con un empleo digno.

SERIE FINALISTA DEL CONCURSO DE BECAS ROBERTO VILLAGRAZ: http://www.efti.es/site/escuela/becas_ganadores10/finalistas.html

Comentarios

Mónica Chávez González ha dicho que…
¡Hola! Caí por casualidad en tu blog, me ha gustado mucho; sobre todo este texto. Está muy interesante, muy humano, con mucha consciencia social; ni qué decir de las fotos, son bellísimas, tan conectadas con la expresión humana.
Te dejo mi blog, por si quieres darme una visitada (textosenbicicleta.blogspot.com), por si quisieras darme una visitada.
Saludos afectuosos,
Mónica

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